domingo, 8 de julio de 2012

Fortunato Rodríguez

A través de el blog "Etnoleón", que os recomiendo, he llegado a esta noticia publicada en El Diario de León el 17 de junio.

Un crespón negro en el rabel

Murió ‘Nato’, de Boca de Huérgano, el último rabelista tradicional de León . Enlace entre los antiguos cultivadores de este instrumento y los jóvenes intérpretes, Fortunato Rodríguez cantaba y tocaba con el rabel titos, jotas, canciones pícaras... que son ahora memoria y legado.

e. gancedo | león 17/06/2012

«San Xuan, San Xuan, San Xuan y la Madalena/ fueron juntos a melones/ y en el medio’l melonar/ San Xuan perdió los calzones...». Esta era una de las muchas canciones picarescas y divertivas que sabía y cantaba ‘Nato’, el músico montañés cuya muerte ha entristecido a los rabelistas de nueva hornada, a los jóvenes practicantes de un antiquísimo instrumento que desde hace unas décadas ha experimentado un curioso y esperanzador renacer en León.
Y precisamente el último eslabón de la tradición leonesa del rabel —esa que gozó de gran vitalidad sobre todo en la Montaña de Riaño, aunque hay referencias históricas de su uso en otras comarcas— era Fortunato Rodríguez, ‘Nato’, nacido en La Puerta pero que marchó a vivir a Boca de Huérgano, a ‘la villa’, cuando su pueblo quedó bajo las aguas del pantano. ‘Nato’ era un hombre muy afable y un gran conversador, y la afición le venía de su padre, rabelista que había aprendido a tocarlo cuando iba en el carro y cuidando las vacas, y por la noche en el escaño, dale que dale hasta que sacaba las canciones. «Oímos hablar de él en Las Salas y fuimos a verle. A su lado aprendimos muchas cosas, su técnica no era extraordinaria pero sí lo eran sus temas, jotas y canciones pícaras y festivas, algunas de ellas creaciones propias que hablaban de éste o aquel vecino del pueblo, como la que se refiere a uno que le decían Madrugo», cuenta Luis Santos, rabelista del grupo folk Son del Cordel y quien ha popularizado algunas de las canciones de ‘Nato’.


Los titos Este mandilín que me diste ayer, el romance de La loba parda, pero también La ronda va por la calle,El rabel está enojadoA la mar se van los ríosLas ovejuelasTeresina, Teresina y muchas otras cantaba este montañés, en ocasiones acompañado por su tía Modesta a la pandereta. La matanza del gocho, los días de fiesta y las hilas nocturnas eran ocasiones muy propicias para que Nato sacase su instrumento. «Era muy mañoso, hasta se hizo un rabel de madera de chopo, muy original», recuerda su pariente Leoncio, quien también informa cómo el rabelista había trabajado de joven en la Pegaso y después había vuelto a su valle natal, aunque de última vivía con una hija en Madrid. «Su mujer era de Riaño y aquí trabajaba un poco en lo que salía, por ejemplo en la fábrica de madreñas que había en el pueblo antaño», indica Leoncio. «Era muy habilidoso y se le daba todo, además, como habían quedado huérfanos y él era el mayor, pues tuvo que hacerse cargo de la familia muy pronto», añade. Vendía truchas por los pueblos, trabajaba la madera... y contaba muchas veces con pena que su padre había vendido su viejo rabel «por cinco duros».

Fortunato Rodríguez, ‘Nato’, con su inseparable rabel.
Fortunato Rodríguez, ‘Nato’, con su inseparable rabel.
son del cordel

El pasado mes de septiembre se celebró en ‘la villa’ un concierto a cargo de José Francisco Fernández Juárez, uno de los jóvenes rabelistas que con más entusiasmo han retomado esta tradición musical, y tocó ‘Nato’, y hubo mucha fiesta. «Y pensar que esa vez fue la última que lo vi... me acuerdo que le dije que se cuidara, porque hacía un año le había dado un infarto y habían tenido que llevarlo al hospital en helicóptero», cuenta Leoncio, quien ahora planea organizar un homenaje musical, con gran variedad de intérpretes, para que rindan tributo al viejo y querido ‘Nato’, un hombre alegre que llevó la alegría a los suyos.


casa

He encontrado esta foto en internet. Hoy en día no existe pero, ¿sabéis qué casa es?


La foto es de noviembre de 1976. Se trata de una casa con tejado de paja con la característica portalada o biztecha (en otros casos el cumbre se apoya en una viga).
A mí me encanta el sitio donde tendían la ropa, casi puedo ver a la paisana con el cesto cargado subiendo por la escalera.


viernes, 30 de marzo de 2012

artículo

Me ha hecho gracia este artículo de la edición digital de El Correo, un día tendríamos que dar un repaso a los diminutivos...la verdad es que hasta hace poco yo no me di cuenta de eso, qué cosas...

Donde Visitación no es Visi, sino Ción

Un paseo por el valle de Valdeón, en la vertiente leonesa de los Picos de Europa, antiguo lugar de veraneo del expresidente Zapatero

29.03.12 - 18:29 -

No es la más singular, ni la más llamativa, ni la característica que seguramente se llevarán como recuerdo los visitantes del valle de Valdeón, en la parte leonesa de los Picos de Europa. Pero es una curiosidad deliciosa. En Valdeón, Visitación no es Visi, es Ción. Lo mismo que Isidoro no es Isi, sino Doro; y lo mismo que Facundo es Cundo y no de ninguna otra forma. Y Purificación no es Puri, ni Pura; ni siquiera es Ción. Llevando el diminutivo a su máxima esencia, es Cionina. ¿Han visto antes algo más genial?
Esta personalísima forma de acometer el diminutivo del nombre se desvela como una inesperada sorpresa cuando uno ya repite contacto con el valle. Antes, lo que uno recuerda es lo que se ve. Un maravilloso paraje natural situado en pleno Parque Natural de los Picos de Europa y la única vía de acceso a la ruta del Cares desde la vertiente leonesa. Posada de Valdeón es la capital y población que agrupa los servicios del valle, también formado por las pequeñas agrupaciones de casas de Soto, Prada, Caldevilla, Cordiñanes, Los Llanos, Santa Marina y Caín, esta última de la que parte la ruta del desfiladero del Cares hasta Poncebos, en Asturias. Todo ello guarda el encanto natural que se supone a un lugar situado de una forma tan privilegiada, a mil metros de altitud, al pie de las nieves casi perpetuas de los riscos y con su flora y su fauna prácticamente intacta: con rapaces siempre sobre el cielo, con algún que otro lobo, con el característico rebeco y con ciervos a los que no cuesta ver en los paseos matutinos de invierno, cuando descienden a cotas menores en busca de alimento.
Los Picos de Europa son uno de los últimos paisajes españoles donde aún es posible cruzarse con un oso en libertad, aunque a este cronista tal cosa nunca le ha pasado. Eso sí, las historias sobre encuentros mal terminados para el paisano de turno son moneda de curso habitual en las conversaciones en torno a la bolera, recién remodelada hace un par de años en el centro de Posada, donde se despacha bolo leonés con cierta asiduidad y se jalea a los representantes locales antes de medirse a los del pueblo de al lado, o a los de Riaño, a unos 30 minutos, la localidad más grande de la zona y cabecera en materia sanitaria o educativa. El tilo, uno de los árboles más característicos de la zona, ha servido de medio de vida complementario a muchos habitantes del valle, aunque su recogida está ya prohibida en el límite del Parque Natural. Muchos recuerdan los carromatos cargados de su flor atravesando los prados, de la que se obtenía, tras su secado, la tila que luego se vendía como calmante natural.
Donde Visitación no es Visi, sino Ción
El pueblo de Caín, a los pies de los Picos de Europa./ Bernardo Corral


El pueblo donde veraneaba Zapatero
La vida del valle se concentra en Posada. No hace mucho que el pueblo, acostumbrado al turismo de montaña y que reclama como muchas otras localidades de la zona una estación de esquí en el vecino pico de San Glorio, vivió su momento de gloria televisiva. El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, leonés y a quien todavía se le recuerda de cuando veraneaba en el valle en su juventud, regresó a él cuando todavía era presidente. Grabó, junto al aventurero Jesús Calleja, una ascensión montañera para la cadena Cuatro al lugar llamado Collado Jermoso, de cuya belleza habla su propio nombre. En aquel reportaje salía el pueblo, las señoras mayores que le daban dos besos y le decían: 'estás igual que hace treinta años', o '¿te acuerdas? Eras amigo de mi hijo' y cosas por el estilo. Y salía el alcalde, enorgullecido de traer al pueblo a tan ilustre visitante.
Ni el presidente ni el alcalde continúan hoy en sus responsabilidades, pero en el pueblo la vida sigue igual de apacible. En los últimos años, el valle de Valdeón ha recibido de vuelta a parte de aquellos vecinos que se vieron obligados a emigrar hace treinta o cuarenta años para buscar trabajo allí donde lo había. Muchos marcharon a Estados Unidos, donde ejercieron como pastores o como profesionales de oficios manufactureros, como carpinteros o albañiles. A muchos les fue bien y han regresado ahora a los Picos a disfrutar de una plácida vejez. Otros emigraron a León, destino de cabecera por su cercanía, o al País Vasco, atraídos por su esplendor industrial de los años 60 y 70. No es difícil encontrar jubilados de la Michelin o de otras empresas vitorianas.
La Ruta del Cares es el gran atractivo de la zona, pero no el único. Masificada en épocas de vacación, el valle leonés es un punto de partida fantástico para atacar a pie o en bici el macizo central de los Picos de Europa, lo mismo que para investigar rutas de menor entidad en el área de los pre-picos, las zonas de transición hacia la verdadera montaña. Con varios alojamientos rurales, hoteles y hostales, proporciona comodidad al visitante y tranquilidad llegada la tarde, cuando el turista rural regresa de su excursión montañera y lo único en lo que piensa es en un buen baño, una buena merienda y una cerveza bien fría mientras sigue viendo la vida pasar.